La guerra
cognitiva que el pueblo venezolano viene sufriendo desde hace más de dos
décadas, ha pasado a una nueva fase luego del ataque militar del 3 de enero del
2026.
En su primera
fase en distintas etapas (fines de los 2000 hasta 2025), su objetivo fue
generar en la población un sentimiento de aversión hacia la revolución
Bolivariana, y generar las condiciones emocionales y políticas para el Golpe de
Estado contra el Comandante Hugo Chávez en abril del año 2002.
A partir de la asunción del Presidente Nicolás
Maduro el objetivo fue imponer en el humor ciudadano la idea de incapacidad de
gobernar por parte del “metrobusero”, e instigar a una insurrección contra un
“régimen que bastaba empujar para que cayera”, temeraria idea de la
ultraderecha que instaló en el país la violencia.
Las
sanciones y el bloqueo económico impuestos desde el gobierno de Barack Obama y la
Unión Europea, generaron un desabastecimiento de los productos elementales de
la canasta básica familiar, incapacidad de atención médica tanto en los centros
primarios de salud como en poder llevar adelante cirugías, recordando que
muchos niños y niñas debieron ser llevados al exterior para poder ser operados.
La ultra derecha promovía las guarimbas, los asedios a centros hospitalarios y educativos, las agresiones verbales en los urbanismos contra los vecinos chavistas.
Una violencia de masas, principal elemento del fascismo, a diferencia de la violencia conocida ejercida desde el Estado.
En ese
macabro escenario, la guerra cognitiva adjudicaba a la revolución bolivariana
ser la causante de esas calamidades.
Si bien la sensación
de una intervención militar extranjera siempre estuvo presente, fue a partir de
octubre del 2025, que la guerra cognitiva profundizó su campaña en las redes
sociales y los medios de comunicación internacionales, ante la inminencia de
una invasión militar, como lo demostraba la poderosa presencia militar
estadounidense en el Mar Caribe.
En la
agresión militar del 3 de enero, la muerte de soldados y civiles y el secuestro
del Presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores, la hasta ahora “posverdad” fue
verdad, y el acontecimiento, fue la dura realidad.
Algunos errores de cálculo
Si bien el
3 de enero (3E) finalmente se materializa la agresión militar y el secuestro
del Presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama combatiente Cilia Flores, un
balance necesario de la guerra cognitiva, permite concluir que no lograron
cumplir con algunos de sus objetivos, en esa primera larga fase.
a)
Años
de guerra cognitiva fue generando sus propios anticuerpos; la mayoría del pueblo
venezolano, al menos esa mayoría politizada e informada, ya podía discernir el
real sentido de los mensajes que inundaban las redes sociales y corrían por los
medios de difusión. (en este sentido se puede consultar ésta entrevista: https://www.telesurtv.net/opinion/venezuela-la-guerra-psicologica-fracasa-ante-la-resistencia-popular/
, entrevista a Fernando Giuliani).
Por ejemplo, el 9 de enero del 2025, un día
antes de la asunción del Presidente Nicolás Maduro, ya se había desmontado la
farsa de Edmundo González ingresando a Venezuela para asumir como Presidente,
al igual que la supuesta agresión ese mismo 9 de enero contra la
ultraderechista Corina Machado.
La otra cara de la moneda, es que ese
descreimiento de las informaciones circulantes, también generó la sensación del
cuento infantil de Pedro y el Lobo, donde tanto le advierten que viene el lobo,
y el lobo nunca aparece, que cuando lo hace, Pedro está totalmente
desprevenido.
b)
La
cantidad de elecciones realizadas entre julio del 2024 a julio de 2025, cuestionó
en la práctica y en la batalla de relatos, la sensación impulsada por la
derecha venezolana y los medios de comunicación a nivel internacional, de la
falta de “democracia en Venezuela”.
c)
El
discurso que alentaba a una intervención militar estadounidense que sirviera de
apoyo a un levantamiento popular contra la revolución, fogoneado por dirigentes
de la ultra derecha, también fracasó. No hubo siquiera movilizaciones dentro
del país que salieran a festejar la barbarie imperialista, e incluso fuera de
fronteras las expresiones en las calles fueron mínimas, o individuos aislados
en las redes sociales.
d)
El
ataque militar cinético que finalmente se produjo, generó además de daños a la infraestructura,
daños en la salud mental: (ver https://www.telesurtv.net/opinion/ataque-a-venezuela-como-la-guerra-hibrida-dana-la-salud-mental/,
entrevista al psic. José Guzmán Tato).
Sin embargo, el miedo previo que se generó, el
ataque militar que dejó de ser una amenaza abstracta para ser una dura
realidad, no paralizaron el funcionamiento de una sociedad, que aún impactada, volvió
rápidamente a su ritmo cotidiano de vida.
Desde la misma mañana del 3 de enero, la gente
se convocó en la calle a repudiar el ataque y exigir la libertad de los
secuestrados, al tiempo que la institucionalidad, y los servicios retomaron su
ritmo cotidiano.
e)
Las
acusaciones contra el presidente Maduro y otros dirigentes de la Revolución,
como líderes del Cártel de los Soles, en medio de los ataques a supuestas
“narcolanchas” en el Mar Caribe (con el saldo de más de 100 muertos hasta marzo
del 2026), no solo no calaron en la opinión pública venezolana, sino que
tampoco pudo direccionar a los integrantes del sistema judicial de Estados
Unidos.
Crucigrama
La etapa de
Guerra Cognitiva que se inicia a partir del 3E, es más profunda en sus
objetivos contra la revolución bolivariana, pues está centrada en la disputa
cotidiana del relato político, buscando distorsionar la recepción del discurso
oficial.
Mantiene
latente, que la posibilidad de una agresión militar cinética puede volver a
ocurrir y éste no es un elemento menor, pues si bien todos los estrategas
apuntaban a disputar la batalla en el campo de las comunicaciones, de una disociación entre la realidad y el
relato, el imperialismo demostró que está dispuesto a bombardear, a materializar
la eliminación de lo que considera su enemigo, en un ataque que no se enfrenta
desde el plano simbólico, comunicacional y ni siquiera, con las viejas
estrategias y tácticas (y equipamiento militar) conocidos hasta el 3 de enero.
Cada día el
Relato Político que se emite desde el gobierno de la presidenta (E), Delcy
Rodríguez, desde aquel 3 de enero, debe ir siendo decodificado por los distintos
sectores de la sociedad: los integrantes del gobierno y organismo públicos, los
dirigentes políticos, los militantes, los empresarios, los trabajadores, el
ciudadano común.
Como quién
va resolviendo un crucigrama, palabras y conceptos van construyendo
percepciones y visiones políticas, síntesis coyunturales, posibles escenarios
futuros.
Por
ejemplo, con respeto a la situación del Presidente Nicolás Maduro, su categoría
de secuestrado o capturado, se vivió como una disputa
que llegó incluso a las redacciones mismas de los medios de comunicación.
Se logró dejar en la nebulosa de la percepción del ciudadano menos politizado, si las dificultades económicas son estrictamente consecuencia natural de las sanciones y el bloqueo, o de problemas de gestión financiera.
Quién
entendió bien este “juego” de la guerra cognitiva, fue Donald Trump; a diez días
del secuestro del Presidente Nicolás Maduro, Trump afirmaba públicamente que
Delcy Rodríguez es “una persona estupenda”,
"Es alguien con quien hemos trabajado
muy bien" y "Creo que nos
estamos llevando muy bien con Venezuela", mientras las calles hervían
en marchas que exigían la libertad de su presidente y primera dama.
Aunque en
su fuero íntimo, Trump pueda estar convencido de esas afirmaciones, juega a generar
con ellas una siembra de intrigas y desconfianzas en el seno del chavismo y
confusión en la sociedad y la opinión pública internacional.
Tampoco
parece casual, al mismo tiempo que alaba el rol dialoguista de Delcy Rodríguez
y la reconoce como jefa de estado, el descrédito contra María Corina Machado.
El silenciamiento
El
secuestro generó una situación inusual en Venezuela, y viola toda la
legislación internacional; pero en
el tema que nos ocupa tuvo otro
impacto y fue el silenciamiento del Presidente Maduro, que pasó de una
presencia diaria y constante en las distintas plataformas de comunicación,
hasta el primero de enero, en su entrevista al periodista Ignacio Ramonet.
Su voz y su
imagen desaparecieron de la esfera pública y privada, generando, implantando,
la falsa sensación de que el Presidente Nicolás Maduro, pertenece al pasado de
la vida política de Venezuela. (un pasado que en función de la inusual
situación parece cada vez más lejano).
En un
condicionamiento impuesto por los estrategas de la Casa Blanca, prohibir
“oficialmente” su mención, impedir reiterar su pedido de liberación desde el
discurso oficial, y ceñirse a la farsa del juicio que se le lleva adelante, no
construye simbólicamente la imagen de martirologio.
En el
relato que se impulsa desde la derecha y el imperio, Nicolás Maduro no es el
legítimo presidente secuestrado de una nación soberana que no abdicó de sus
convicciones y sus compromisos con su pueblo, sino un convicto que enfrenta
varias causas judiciales, y que, para no entorpecer ese proceso, no hay que
mencionar.
Cambio de relato
Durante la
etapa 3 de enero a fines de febrero o principios de marzo, la guerra cognitiva
llevada adelante desde algunas redes, (sobre todo tik tok pues hay una apuesta
a captar juventud), los mensajes estaban centrados en el ataque militar,
aprovechando las circunstancias del impacto que había generado ese inusual
hecho en el pueblo venezolano.
Creaciones
animadas de multimedia, recreaban el ataque militar y el secuestro del
presidente difundiendo un mensaje de la imbatibilidad de los soldados
estadounidenses, y sugiriendo posibles actos de traición.
Al mismo
tiempo, otros mensajes de “último momento” de supuestas agencias noticiosas, informaban
estar al tanto de los planes de la captura inminente, la huida del país, o la
muerte, del ministro Diosdado Cabello.
Mientras
esos mensajes pululaban en las redes, inició su periodo la Asamblea Nacional y
el TSJ también proclamaba a Delcy Rodríguez como presidenta encargada.
La
estrategia definida chocaba contra una impensada unidad de acción del chavismo
y los cuadros de gobierno.
A partir de
marzo entonces, el relato se centra en crear la imagen de “un gobierno dirigido
desde la Casa Blanca” y un relacionamiento entre Venezuela y Estados Unidos,
condicionado por el carácter de sumisión de la primera.
El ejército
de trolls. Soldados de línea del imperialismo y la ultraderecha venezolana, viene
preparando las condiciones para un posible escenario de disputa electoral,
donde lo que importa no es el acto eleccionario en sí mismo, y ni siquiera sus
resultados.
Por un
lado, propagan la idea de que ha mejorado la economía de Venezuela a partir del
3E, de que Delcy Rodríguez representa el cambio político en Venezuela, al mismo
tiempo que “advierten” que si la presidenta (E), no abandona el Gran Polo
Patriótico y sigue siendo la continuidad del chavismo, no hay posibilidad de
convivencia política posible.
Se empiezan
a difundir imágenes de trabajadores marchando o concentrados reclamando mejoras
salariales y confrontando con las fuerzas policiales, de sectores del
estudiantado universitario, de aisladas quejas ciudadanas, y de un “masivo
apoyo” al retorno de Corina Machado, quién ruega en mediocres tribunas
internacionales, que no se levanten las sanciones contra Venezuela.
La guerra
cognitiva se sustenta además en los triunfos electorales que las derechas
vienen logrando en el continente, tratando de imponer la idea de que ceder ante
el sentido común de abdicar ante la “realidad” de sociedades que exigen
programas conservadores, es lo más sensato.
¿A la paz le llegó su hora?
Una generación entera de venezolanas y venezolanos nacieron y crecieron bajo un permanente estado de confrontación; como si las consignas de paz lanzadas desde el gobierno bolivariano repicara en campanas de madera, Estados Unidos lanzó su invasión, y la extrema derecha venezolana que encarna Corina Machado, siguen convocando a los tambores de guerra, ahora, con destemplados cánticos racistas, desde España.
Los Rodríguez (Delcy y Jorge, Presidenta (e) de la Nación y presidente de la Asamblea Nacional , respectivamente), han asumido en un momento histórico, donde tienen por delante la nada fácil tarea de ir hacia un convivencia donde el diálogo sea el canal natural de las diferencias.
Este momento histórico que parece haberse iniciado luego del 3E, claramente no llega oportunamente para las fuerzas de izquierda, que tenían en la Venezuela de antes del 3 de enero, un rumbo claro y decidido hacia la construcción de un estado comunal, sin la injerencia yanque.
Tampoco se puede desconocer el criminal bloqueo sobre Cuba, y el avance de las derechas en el continente.
Y de esta inoportunidad, también se alimenta, la guerra cogntiva.

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