miércoles, 22 de abril de 2026

Crucigrama: la guerra cognitiva contra Venezuela después del 3E

 




La guerra cognitiva que el pueblo venezolano viene sufriendo desde hace más de dos décadas, ha pasado a una nueva fase luego del ataque militar del 3 de enero del 2026.

En su primera fase en distintas etapas (fines de los 2000 hasta 2025), su objetivo fue generar en la población un sentimiento de aversión hacia la revolución Bolivariana, y generar las condiciones emocionales y políticas para el Golpe de Estado contra el Comandante Hugo Chávez en abril del año 2002.

 A partir de la asunción del Presidente Nicolás Maduro el objetivo fue imponer en el humor ciudadano la idea de incapacidad de gobernar por parte del “metrobusero”, e instigar a una insurrección contra un “régimen que bastaba empujar para que cayera”, temeraria idea de la ultraderecha que instaló en el país la violencia.

Las sanciones y el bloqueo económico impuestos desde el gobierno de Barack Obama y la Unión Europea, generaron un desabastecimiento de los productos elementales de la canasta básica familiar, incapacidad de atención médica tanto en los centros primarios de salud como en poder llevar adelante cirugías, recordando que muchos niños y niñas debieron ser llevados al exterior para poder ser operados.

La ultra derecha promovía las guarimbas, los asedios a centros hospitalarios y educativos, las agresiones verbales en los urbanismos contra los vecinos chavistas.

Una violencia de masas, principal elemento del fascismo, a diferencia de la violencia conocida ejercida desde el Estado.

En ese macabro escenario, la guerra cognitiva adjudicaba a la revolución bolivariana ser la causante de esas calamidades.

Si bien la sensación de una intervención militar extranjera siempre estuvo presente, fue a partir de octubre del 2025, que la guerra cognitiva profundizó su campaña en las redes sociales y los medios de comunicación internacionales, ante la inminencia de una invasión militar, como lo demostraba la poderosa presencia militar estadounidense en el Mar Caribe.

En la agresión militar del 3 de enero, la muerte de soldados y civiles y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores, la hasta ahora “posverdad” fue verdad, y el acontecimiento, fue la dura realidad.

 

 

Algunos errores de cálculo

 

Si bien el 3 de enero (3E) finalmente se materializa la agresión militar y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la Primera Dama combatiente Cilia Flores, un balance necesario de la guerra cognitiva, permite concluir que no lograron cumplir con algunos de sus objetivos, en esa primera larga fase.

a)       Años de guerra cognitiva fue generando sus propios anticuerpos; la mayoría del pueblo venezolano, al menos esa mayoría politizada e informada, ya podía discernir el real sentido de los mensajes que inundaban las redes sociales y corrían por los medios de difusión. (en este sentido se puede consultar ésta entrevista: https://www.telesurtv.net/opinion/venezuela-la-guerra-psicologica-fracasa-ante-la-resistencia-popular/ , entrevista a Fernando Giuliani).

Por ejemplo, el 9 de enero del 2025, un día antes de la asunción del Presidente Nicolás Maduro, ya se había desmontado la farsa de Edmundo González ingresando a Venezuela para asumir como Presidente, al igual que la supuesta agresión ese mismo 9 de enero contra la ultraderechista Corina Machado.

La otra cara de la moneda, es que ese descreimiento de las informaciones circulantes, también generó la sensación del cuento infantil de Pedro y el Lobo, donde tanto le advierten que viene el lobo, y el lobo nunca aparece, que cuando lo hace, Pedro está totalmente desprevenido.

b)      La cantidad de elecciones realizadas entre julio del 2024 a julio de 2025, cuestionó en la práctica y en la batalla de relatos, la sensación impulsada por la derecha venezolana y los medios de comunicación a nivel internacional, de la falta de “democracia en Venezuela”.

c)       El discurso que alentaba a una intervención militar estadounidense que sirviera de apoyo a un levantamiento popular contra la revolución, fogoneado por dirigentes de la ultra derecha, también fracasó. No hubo siquiera movilizaciones dentro del país que salieran a festejar la barbarie imperialista, e incluso fuera de fronteras las expresiones en las calles fueron mínimas, o individuos aislados en las redes sociales.

d)      El ataque militar cinético que finalmente se produjo, generó además de daños a la infraestructura, daños en la salud mental: (ver https://www.telesurtv.net/opinion/ataque-a-venezuela-como-la-guerra-hibrida-dana-la-salud-mental/, entrevista al psic. José Guzmán Tato).

Sin embargo, el miedo previo que se generó, el ataque militar que dejó de ser una amenaza abstracta para ser una dura realidad, no paralizaron el funcionamiento de una sociedad, que aún impactada, volvió rápidamente a su ritmo cotidiano de vida.

Desde la misma mañana del 3 de enero, la gente se convocó en la calle a repudiar el ataque y exigir la libertad de los secuestrados, al tiempo que la institucionalidad, y los servicios retomaron su ritmo cotidiano.

e)      Las acusaciones contra el presidente Maduro y otros dirigentes de la Revolución, como líderes del Cártel de los Soles, en medio de los ataques a supuestas “narcolanchas” en el Mar Caribe (con el saldo de más de 100 muertos hasta marzo del 2026), no solo no calaron en la opinión pública venezolana, sino que tampoco pudo direccionar a los integrantes del sistema judicial de Estados Unidos.

 

Crucigrama

 

La etapa de Guerra Cognitiva que se inicia a partir del 3E, es más profunda en sus objetivos contra la revolución bolivariana, pues está centrada en la disputa cotidiana del relato político, buscando distorsionar la recepción del discurso oficial.

Mantiene latente, que la posibilidad de una agresión militar cinética puede volver a ocurrir y éste no es un elemento menor, pues si bien todos los estrategas apuntaban a disputar la batalla en el campo de las comunicaciones,  de una disociación entre la realidad y el relato, el imperialismo demostró que está dispuesto a bombardear, a materializar la eliminación de lo que considera su enemigo, en un ataque que no se enfrenta desde el plano simbólico, comunicacional y ni siquiera, con las viejas estrategias y tácticas (y equipamiento militar) conocidos hasta el 3 de enero.

Cada día el Relato Político que se emite desde el gobierno de la presidenta (E), Delcy Rodríguez, desde aquel 3 de enero, debe ir siendo decodificado por los distintos sectores de la sociedad: los integrantes del gobierno y organismo públicos, los dirigentes políticos, los militantes, los empresarios, los trabajadores, el ciudadano común.

Como quién va resolviendo un crucigrama, palabras y conceptos van construyendo percepciones y visiones políticas, síntesis coyunturales, posibles escenarios futuros.

Por ejemplo, con respeto a la situación del Presidente Nicolás Maduro, su categoría de secuestrado o capturado, se vivió como una disputa que llegó incluso a las redacciones mismas de los medios de comunicación.

Se logró dejar en la nebulosa de la percepción del ciudadano menos politizado,  si las dificultades económicas son estrictamente consecuencia natural de las sanciones y el bloqueo, o de problemas de gestión financiera.

Quién entendió bien este “juego” de la guerra cognitiva, fue Donald Trump; a diez días del secuestro del Presidente Nicolás Maduro, Trump afirmaba públicamente que Delcy Rodríguez es “una persona estupenda”, "Es alguien con quien hemos trabajado muy bien" y "Creo que nos estamos llevando muy bien con Venezuela", mientras las calles hervían en marchas que exigían la libertad de su presidente y primera dama.

Aunque en su fuero íntimo, Trump pueda estar convencido de esas afirmaciones, juega a generar con ellas una siembra de intrigas y desconfianzas en el seno del chavismo y confusión en la sociedad y la opinión pública internacional.

Tampoco parece casual, al mismo tiempo que alaba el rol dialoguista de Delcy Rodríguez y la reconoce como jefa de estado, el descrédito contra María Corina Machado.

 

El silenciamiento

 

El secuestro generó una situación inusual en Venezuela, y viola toda la legislación internacional; pero en el tema que nos ocupa tuvo otro impacto y fue el silenciamiento del Presidente Maduro, que pasó de una presencia diaria y constante en las distintas plataformas de comunicación, hasta el primero de enero, en su entrevista al periodista Ignacio Ramonet.

Su voz y su imagen desaparecieron de la esfera pública y privada, generando, implantando, la falsa sensación de que el Presidente Nicolás Maduro, pertenece al pasado de la vida política de Venezuela. (un pasado que en función de la inusual situación parece cada vez más lejano).

En un condicionamiento impuesto por los estrategas de la Casa Blanca, prohibir “oficialmente” su mención, impedir reiterar su pedido de liberación desde el discurso oficial, y ceñirse a la farsa del juicio que se le lleva adelante, no construye simbólicamente la imagen de martirologio.

En el relato que se impulsa desde la derecha y el imperio, Nicolás Maduro no es el legítimo presidente secuestrado de una nación soberana que no abdicó de sus convicciones y sus compromisos con su pueblo, sino un convicto que enfrenta varias causas judiciales, y que, para no entorpecer ese proceso, no hay que mencionar.

 

Cambio de relato

 

Durante la etapa 3 de enero a fines de febrero o principios de marzo, la guerra cognitiva llevada adelante desde algunas redes, (sobre todo tik tok pues hay una apuesta a captar juventud), los mensajes estaban centrados en el ataque militar, aprovechando las circunstancias del impacto que había generado ese inusual hecho en el pueblo venezolano.

Creaciones animadas de multimedia, recreaban el ataque militar y el secuestro del presidente difundiendo un mensaje de la imbatibilidad de los soldados estadounidenses, y sugiriendo posibles actos de traición.

Al mismo tiempo, otros mensajes de “último momento” de supuestas agencias noticiosas, informaban estar al tanto de los planes de la captura inminente, la huida del país, o la muerte, del ministro Diosdado Cabello.

Mientras esos mensajes pululaban en las redes, inició su periodo la Asamblea Nacional y el TSJ también proclamaba a Delcy Rodríguez como presidenta encargada.

La estrategia definida chocaba contra una impensada unidad de acción del chavismo y los cuadros de gobierno.

A partir de marzo entonces, el relato se centra en crear la imagen de “un gobierno dirigido desde la Casa Blanca” y un relacionamiento entre Venezuela y Estados Unidos, condicionado por el carácter de sumisión de la primera.

El ejército de trolls. Soldados de línea del imperialismo y la ultraderecha venezolana, viene preparando las condiciones para un posible escenario de disputa electoral, donde lo que importa no es el acto eleccionario en sí mismo, y ni siquiera sus resultados.

Por un lado, propagan la idea de que ha mejorado la economía de Venezuela a partir del 3E, de que Delcy Rodríguez representa el cambio político en Venezuela, al mismo tiempo que “advierten” que si la presidenta (E), no abandona el Gran Polo Patriótico y sigue siendo la continuidad del chavismo, no hay posibilidad de convivencia política posible.

Se empiezan a difundir imágenes de trabajadores marchando o concentrados reclamando mejoras salariales y confrontando con las fuerzas policiales, de sectores del estudiantado universitario, de aisladas quejas ciudadanas, y de un “masivo apoyo” al retorno de Corina Machado, quién ruega en mediocres tribunas internacionales, que no se levanten las sanciones contra Venezuela.

La guerra cognitiva se sustenta además en los triunfos electorales que las derechas vienen logrando en el continente, tratando de imponer la idea de que ceder ante el sentido común de abdicar ante la “realidad” de sociedades que exigen programas conservadores, es lo más sensato.


¿A la paz le llegó su hora?


Una generación entera de venezolanas y venezolanos nacieron y crecieron bajo un permanente estado de confrontación; como si las consignas de paz lanzadas desde el gobierno bolivariano repicara en campanas de madera, Estados Unidos lanzó su invasión, y la extrema derecha venezolana que encarna Corina Machado, siguen convocando a los tambores de guerra, ahora, con destemplados cánticos racistas, desde España.

Los Rodríguez (Delcy y Jorge, Presidenta (e) de la Nación y presidente de la Asamblea Nacional , respectivamente), han asumido en un momento histórico, donde tienen por delante la nada fácil tarea de ir hacia un convivencia donde el diálogo sea el canal natural de las diferencias.

Este momento histórico que parece haberse iniciado luego del 3E, claramente no llega oportunamente para las fuerzas de izquierda, que tenían en la Venezuela de antes del  3 de enero, un rumbo claro y decidido hacia la construcción de un estado comunal, sin la injerencia yanque.

Tampoco se puede desconocer el criminal bloqueo sobre Cuba, y el avance de las derechas en el continente.

Y de esta inoportunidad, también se alimenta, la guerra cogntiva.

 

 

miércoles, 15 de abril de 2026

Después de Cuba, la nada





En Uruguay solemos decir, que si alguien cuestiona la legitimidad de la lucha por saber el destino de los de detenidos desaparecidos y la responsabilidad de militares, policías y civiles durante el terrorismo de estado, no tenemos diferencias políticas, sino diferencias de concepción sobre la humanidad.

En el plano internacional y geopolítico, podemos decir que las diferencias en cuanto a la libre autodeterminación de Cuba sobre su destino, que viene resistiendo desde hace mas de medio siglo, podemos afirmar lo mismo, agregando incluso, que aceptar el bloqueo y la posible invasión militar de la mayor de las antillas, nos genera diferencias, además sobre el concepto de humanidad, éticas.

Hasta el momento la historia ha demostrado que ninguna de las sociedades donde cultural, política y/o militarmente Estados Unidos, ha impuesto su "democracia", haya representado un avance y mejora para sus pueblos.

Si se toma en cuenta además, la actual situación que esta atravesando el pueblo estadounidense a partir del gobierno de Donald Trump, los convido para el temblor.

De todas maneras, con Trump o sin Trump, con Nixon o sin él, con Reagan o sin él, con Obama, Kennedy,  o Biden, incluso yéndonos en tiempo hasta Monroe, el estilo de vida estadounidense nunca trajo felicidad para los pueblos del tercer mundo. 

Es que América Latina y el Caribe representan para la concepción yanquee, la fuente natural de recursos y antes de Trump, la mano de obra barata para ejercer los servicios y tareas que los ciudadanos estadounidenses no querían  asumir.

¿Era mejor la Cuba de Fulgencio Batista?

Todo parece indicar que no, incluso para los propios estadounidenses que en su momento veían en aquel régimen sanguinario y empobrecedor, una dificultad para sus intereses.

Sin embargo, el "dibujo" de un gobierno que se ofrece distinto al de la revolución, el que bosqueja desde hace años la oposición desde la Florida, no es distinto al de Batista.

Trump, empresario exitoso al fin de cuentas, lo sabe, por eso su único objetivo, es involucrarse en éste sanguinario capricho de Marco Rubio, en ésta guerra ideológica contra Cuba, sabiendo que después del gobierno revolucionario que hoy conduce Díaz Canel, no hay nada.


El forúnculo en la nalga


Cuba molesta no sólo a los intereses yanques; molesta porque su terca revolución que viene resistiendo años de bloqueo económico, que ha desbaratado miles de atentados, que se ha sobrepuesto a la muerte de su principal líder, Fidel Castro, esta enraizada en una dimensión ética y profundamente humanista.

Cuando los deseos de los paladines del neoliberalismo era que Cuba fuera arrastrada por los escombros del derrumbe del socialismo del este, del llamado socialismo real, Cuba soportó los cimbronazos.

Cuando en buena parte de América Latina campeaban los Chicago Boys, Cuba rectificaba y retomaba le camino, hasta que una ola de gobiernos progresistas y de izquierda, dieron el oxigeno posible y necesario.

Hay en el acto de resistencia (Necio dice Silvio) una actitud ética; un devaluado concepto de honorabilidad, pero también de quijotesco sentimiento de integridad.

La coherencia, integra, el honor de un pueblo que no acepta el vejamen de renunciar a su autodeterminación, de no doblegarse ante el paraíso de parnaso, es el forúnculo en la nalga del imperialismo, porque ninguna de esas cosas, perecen de bala o de bloqueo económico.

Hay una enorme dimensión épica en las cubanas y los cubanos, convertidos en millones de mujeres y hombres dispuestos a enfrentar con "rudimentario" armamento militar, comparado con el poder de fuego y destrucción yanquee.

Ojalá la comunidad Internacional sea capaz de honrar el coraje de un pueblo dispuesto a resistir, y no apruebe con su silencio e inmovilidad, otro crimen contra la especie humana; ojalá se contagie de dignidad y sea capaz de sobreponerse a los herrumbrados mecanismos de sus organismos internacionales, esos que crujen como una afrenta, los desgastados rulemanes que chirriaron ante el ataque militar a Venezuela y la guerra contra Irán.

Quizás sea cierto, que en dar la batalla cultural que los revolucionarios del mundo no parecen ir jerarquizando, la revolución cubana ha perdido con el paso de su tiempo su capacidad de contagio, pero en todo caso, ha sido el germen de ciertos escépticos que han ganado en los débiles caracteres de algunos vacilantes, y no en el porfiado pueblo que se erige en razón de ser.

Lo que ellos también deben asumir, es que después de la revolución en Cuba, lo que sobreviene es la nada.


El ron en el barlovento


Si la barbarie imperialista logra ahogar en sangre a la revolución, por supuesto que no lo harán sobre la promesa de hacer de Cuba, tierra arrasada.

El viento traerá una alcohólico aliento con sabor a ron (para engañar a incautos), los seres humanos volverán a ser mercancía y la prostituida dimensión humana prevalecerá fuera y dentro de los cabaret, los cubanos o y cubanas verán pasar por delante de sus narices en manos gringas, su azúcar, su cobalto, sus riquezas naturales que no se les permitió explotar por años de bloqueo.

Le llamarán democracia a un impopular sistema electoral que pondrá en la presidencia a un títere, a un gerente, a un capataz administrador de los intereses del imperialismo.

La nada mismo desde el punto de vista del derrotero de la especie humana que ya sufren nuestros pueblos del sur, la dictadura del capital que permite el "libre albedrío" de elegir  cada tantos años según un contrato establecido, dignos representantes de las oligarquías nativas, o los posibles progresismos aún embriagados de las bondades de la socialdemocracia tercermundista.


El faro del fin del mundo


A pesar del bloqueo, del inminente ataque militar contra la revolución, por lo antedicho, Cuba sigue siendo el "faro del fin del mundo".

Las derechas vienen avanzando en el continente; electoralmente ganaron en Bolivia, Perú, Honduras, Chile, Argentina, Ecuador, en varias islas del Caribe y Venezuela fue agredida militarmente y su presidente sigue bajo cautiverio.

Los revolucionarios y revolucionarias del mundo tienen por éstas horas una tarea fundamental, urgente.

Una tarea de ayuda memoria para todos los pueblos y gobiernos que han recibido la solidaridad de las Brigadas Cubanas de médicos, educadores, ingenieros, etc., bajo la digna consigan de que "la solidaridad no se agradece, se retribuye".

Hay una tarea de denunciar la masacre posible o la quirúrgica violación una vez mas de las reglas de juego internacionales, como hicieron con los asesinatos de pescadores en el mar caribe y el pacifico, o el secuestro del presidente Maduro y los mas de cien asesinados en Venezuela.

Deben tomarse las medidas que abran brechas en el inhumano bloqueo, que dote de la energía necesaria para que el pueblo cubano, sus niños, niñas y ancianos no mueran en hospitales sin electricidad, y educarse, alimentarse, abrigarse, amarse no sea apenas una esperanza posible cada nueva jornada.

Nuestra especie esta siendo en estos momentos cuestionada en su esencia ante las actitudes del imperialismo estadounidense; el genocidio en Gaza ha sido el laboratorio de hasta donde esta dispuesto a llegar el fascismo sionista y yanque.

El pueblo iraní viene resistiendo y devolviendo los golpes recibidos, una capacidad de respuesta que no todos los pueblos han logrado desarrollar.

Hay que alzar la voz y decirlo temporalmente: luego de Cuba, no hay nada.