¡Patria o vida! es el eco que viene desde Miami para la ilusa idea de que una vez derrotada la revolución cubana, obtener un lugar en el parnaso yanqui, un "parnaso" que pasó de ser el sueño americano a la pesadilla, y para los latinos en Estados Unidos, el desvelo constante perseguidos por los espectros del ICE.
La frase, consigna, lema y anzuelo de incautos, detractores, vacilantes y simples traidores, busca entre la ironía y el contra relato del lema de la revolución, : ¡Patria o Muerte!, confrontarla.
Quisiera referirme a los conceptos muerte y vida, no para responder a la burlesca ironía de los que repiten como loros la ocurrencia de la gusanera, sino intentando aportar algo de luz, a la supina ignorancia sobre lo que la palabra muerte, ha significado y significa en la lucha de nuestros pueblos.
Permítase previamente un comentario algo jocoso: siendo herederos culturales del Dramatismo español, quizás los patriotas criollos hubieran utilizado otro término si nuestra huella cultural fuera originaria de la fema anglosajona, pero la muerte, vista como el acto del mayor de los sacrificios, atraviesa todas las culturas.
La muerte
Voy a empezar por una mirada sobre mi cultura, la que edificó un sentimiento de identidad nacional en mi patria, el Uruguay.
¡Orientales, la patria o la tumba!, reza la primera frase de nuestro Himno Nacional, y para establecer claramente el estar dispuesto a morir por el concepto sagrado de Patria, remata diciendo: ¡sabremos cumplir!, es decir, sabremos morir.
¡Libertad o Muerte!, fue la frase estampada en la bandera de los orientales que como la gesta del Granma, iniciaron la guerra de liberación contra el reino de Brasil, un 19 de abril de 1825.
Así que desde esas muertes hasta la muerte como grito de guerra de la Cuba revolucionaria, la muerte, el fin de la vida, es un "sinónimo" de actitud ética, de no rendición, de dignidad.
Esa muerte no es ni por asomo un acto que convoque al suicidio.
Es una muerte, una ofrenda, dispuesta a otorgarse como el desenlace de un acto de resistencia, de combate, de no rendición.
La entrega de la propia, era y es la disposición a pelear en los escenarios que nunca fueron favorables a las fuerzas revolucionarias.
La muerte, es Jesús crucificado, por no renegar de su convicción religiosa, y es la muerte de todos los revolucionarios, que entregaban su vida sin el consuelo de la resurrección.
Ante el natural desenlace del fin de la vida, la humanidad ha ofrecido y ofrece su muerte, como actitud digna en los conflictos bélicos, y como un sentimiento poético en sus relaciones amorosas, que también del amor, trata la muerte.
La muerte del alma
¡Patria o Vida!, fijense la paradoja, significa la prevalencia de la vida ante la muerte física, al precio de la muerte del alma, allí donde residen las ideas, las convicciones, la ética y la dignidad.
Evitar el dolor y la muerte física, ha sido desde siempre, cuando ésto resulta inútil, la tarea de todos los revolucionarios de todos los tiempos, y al mismo tiempo, de los traidores y vacilantes.
¿pero y la muerte de lo intangible, de las convicciones, donde tienen su merecido entierro, cuando doblan las campanas?
El "camposanto" de la memoria, parece ser hasta el momento el lugar donde, (fijense la contradicción), mantenerlas vivas, y donde puedan abrevar las nuevas generaciones.
Por supuesto, en el etílico universo de que la "vida es un carnaval", se puede optar por la vida, con la Patria muerta, un fantasma errante sin identidad, ni destino.
La vida como mercancía
No faltará quién me acuse de estar haciendo un alegato sobre la muerte, una oda a la parca, cuando es justamente todo lo contrario.
Dice el poeta: "No le escribo a la muerte, aunque parezca. Es falsa la creencia, de que la muerte mata: la que mata es la vida, a la muerte y avanza”.
Es reivindicar la lucha de nuestros pueblos que no le han dado a la Vida, al derecho a vivir, ser una opción, al precio y costo de una mercancía, de la sumisión, de la humillación, de la entrega al amo, de cerrar el candado de sus propios grilletes.
Es trazar la raya en el suelo para decirle al enemigo: "hasta aquí llegas, en esa línea está en juego tu vida o la mía, aquí planto talón en la defensa de la soberanía".
Resulta un mal chiste por lo absurdo además, que justamente sea bajo el auspicio de la bota imperialista yanqui, que vengan a ofrecer, esa vida.
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