viernes, 6 de marzo de 2026

El tomate en su mata





Luego de un tiempo logré hacerme de un pedazo de tierra para poder volver a sembrar en una apasionada apuesta de soberanía alimentaria, mis propias frutas y hortalizas.

La primera cosecha fue realmente buena, sobre todo la de tomates; los cuatro meses de espera y cuidados dieron sus frutos y ver aquellos tomates de buen tamaño, color y sabor, justificaban las horas invertidas en riegos, combate natural a las alimañas y los cuidados de los plantines contra el frío.

Nada mejor que agasajar a familiares y amigos con parte de aquella producción donde los tomates, por lejos, en una fresca comida, era el centro de atención.

Pero no hay almuerzo uruguayo donde el debate no tenga su lugar en la mesa.

Mientras la mayoría de los comensales, con sana envidia, destacaban las virtudes del rojo fruto, el placer y la seguridad de comer lo que uno mismo produce, las ventajas económicas de no pagar sobreprecios, la paciencia terapéutica del proceso de plantación y contemplar la magia de la naturaleza contemplando el proceso desde la semilla hasta el fruto, el “convidado de piedra” , expuso con racional saña, que él prefería aprovechar los cuatro meses de trabajo y espera a otras actividades, y adquirir los tomates en alguna feria o comercio.


La sutil dependencia


El debate central de sobremesa era entre ser dependiente o soberano; yo y mis amigos veníamos “aleccionando” al “aguafiestas” con sesudas razones de agroecología entre otras, hasta que una vez más, haciendo gala de su inocultable pragmatismo, preguntó por el origen de las semillas.

Ante la mirada del resto de los comensales, me apresuré a informar que parte de las semillas de los tomates de mi primera cosecha, iban a ser guardadas y usadas en la próxima siembra.

Con su mejor sonrisa adornada de sorna, planteó sus dudas sobre que esas semillas pudieran ser utilizadas, y señaló mi “vergonzoso” acto de sumisión al adquirir las semillas en oferta, producidas por una multinacional.

La política imperialista estadounidense en América Latina no se forjó solo al uso de la fuerza; se fue forjando materialmente al tener la capacidad de producir bienes materiales y de servicios, allí donde nuestros pueblos y sus fuerzas productivas no podían hacerlo, o lo hacían de menor calidad.

Desplazó muchas de las mercancías de origen europeo, y revolucionó con dos de sus productos principales nuestras sociedades.

La industria del automóvil y la vertiginosa producción de cine y televisión, empezaron a generar la matriz estadounidense.

Familias de clases altas y medias domingueaban en sus vehículos Ford, pero también Ford era la maquinaria agrícola que mecanizaba la producción agrícola.

Y junto con el producto, el control de la venta de suministros y repuestos.

Mencionar esto es un simple ejercicio de dimensionar lo ya sabido, nuestra históricas raíces coloniales y subdesarrolladas, algo que puede parecer de perogrullo para los expertos en economía, pero que adquiere una singular y actualizada importancia en el plano cultural.

Porque el imperialismo no solo naturalizó (naturalizamos) nuestra dependencia de sus productos tecnológicos, sino que amplió su campo de sometimiento a las artes, el entretenimiento, la gastronomía, y sembró un terreno fértil con sus verdes dólares.

La búsqueda de un camino alternativo a la dependencia estadounidense, era acceder a la diversificación de los “made in”, de ser posibles con precios más amigables, como los de manufactura china, y algún rapto de matiz ideológica, adquirir productos de origen soviético o rusos en la actualidad, o nuevamente, de fabricación europea, preferiblemente de los países donde gobernaba el Estado de Bienestar, o cualquiera, con tal no fuera yanqui.

Fueron pocos países los que lograron obtener sus propias “semillas”; asediados en la defensa de sus recursos naturales de la voracidad imperialista, con escaso desarrollo de sus fuerzas económicas nacionales, e integrando en general en inferioridad de condiciones los organismos internacionales de comercio, algunos países lograron y logran hacer gala de la producción de determinados productos con “sello nacional”.

Empresas estatales gestionaron y gestionan sus recursos energéticos y sus capacidades en las áreas de las comunicaciones, las finanzas, parte del transporte y otros bienes de servicio.


Cosecha post 3E


El ataque militar contra Venezuela el 3 de enero (3E), demostró que al menos durante la administración de Donald Trump (y no es de esperar muchos cambios en futuras administraciones en la Casablanca con una crisis energética en su puerta), con la dependencia económica, cultural y de servicios, al imperialismo gringo no le alcanza.

El bombardeo sobre Caracas y el secuestro de sus mandatarios dejaron como una casa en obra, un polvo que aún está suspendido en el aire y no permite visualizar claramente la situación, mientras se sigue diseñando los pasos de la construcción.

Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, pero no tiene como sacarlo, y dejarlo, solo es para que se pegue en la suela del calzado al caminar sobre él, como ocurre en algunas zonas.

Años de bloqueo han arruinado el potencial de su maquinaria soberana y habilitar la participación privada y extranjera es una apuesta a poner a rodar un recurso que puede redundar en la mejora de su economía.

A la luz de la experiencia en la región sobre los riesgos corridos en la entrega de los Medios de Producción a capitales foráneos, (como demostró el boom sojero al capital le interesa apropiarse de la producción más que de la propiedad de la tierra), la reforma parcial a la Ley de Hidrocarburos en Venezuela, correría el riesgo de ser letra muerta, muralla de papel franqueable, sino fuera por la cultura de soberanía nacional que reside en su población, pero sobre todo en sus fuerzas armadas.


Tomate verde frito

Qué culpa tiene el tomate

que está tranquilo en la mata

y viene un hijo de puta

y lo mete en una lata

y lo manda pa' Caracas.

Estrofa de la “Hierba de los caminos”; nunca entendí esta alusión con la capital venezolana de los republicanos españoles, pero en todo caso este fue el disparador de este artículo.