jueves, 28 de mayo de 2026

La recuperación del habla: las cuestiones del PODER

 




Las derrotas de los movimientos revolucionarios de los 70, estratégicamente militares y momentáneamente políticos, fueron derivando paulatinamente a algunos dirigentes, como aquél “Adiós a  las armas”, diciendo adiós al poder, o mejor expresado, renunciando a la transformación de la estructura del Poder de la sociedad capitalista, y de la condición colonizada de los países de Latinoamérica y el Caribe.

Las dictaduras cívicos militares que fueron la respuesta represiva a los movimientos insurgentes, pero fundamentalmente la aplicación de un método fascista de instalación de un programa neoliberal, crearon las condiciones para que la resolución política de las contradicciones entre Imperio – Nación y Capital – Trabajo, se resolviera por el margen institucional que dejaban las democracias burguesas, y la vía electoral, se convirtiera en el único horizonte, ese que permite obtener mayor representación en los parlamentos y, en contadas ocasiones, ganar el gobierno nacional.

A éste escenario, se sumaban las “novedades” de movimientos políticos, que en unos casos, triunfaban electoralmente luego de un proceso de movilización de masas, como la Bolivia de Evo o el Ecuador de Rafael Correa, y en el otro extremo, el EZLN cuyo levantamiento militar no se planteó la toma del Poder Político Federal mexicano, y se abocó al desarrollo de un poder autónomo local.

La otra novedad, en una lectura superficial de la historia de los varios de los países latinoamericanos, era el triunfo por la vía electoral, de ex guerrilleros: Mujica en Uruguay, Dilma en Brasil, Cristina Fernández en Argentina, Petro en Colombia, Ortega en Nicaragua, Funes en el Salvador, etc.

Decimos lectura superficial, porque a principios del siglo 20, en muchos de los países mencionados, varios dirigentes de movimientos alzados, llegaron por la vía electoral a la Presidencia, por ejemplo José Batlle en Uruguay, es decir, que el relato de la derecha política, del triunfo de los arrepentidos de la vía armada, no es una novedad del siglo XXI.

La otra novedad en más de un sentido, fue la revolución bolivariana; impactó que en pleno auge del neoliberalismo en el continente, en 1989 se produjera el Caracazo, una insurrección popular como las ocurridas en los 70 en el sur (el Cordobazo), y el proceso siguiera con el primer intento de golpe de estado liderado por Hugo Chávez en el 92, y la instalación de un proceso de construcción de un “socialismo del siglo 21”, una transformación de los vínculos de poder que descentralizaba poder político al pueblo, manteniendo la burguesía nacional y empresas extrajeras su espacio de dominio.

 

Las patas y la telaraña del Poder

 

Quizás, quienes lideraban los movimientos revolucionarios de los 70, pecaron de cierto esquematismo.

Los debates se centraban en cómo se desarrollaba un proceso de transformación de la sociedad y la toma de poder, a la luz de las revoluciones hechas (desde la rusa hasta la vietnamita), y se partía de la base, que el poder se sustentaba en tres patas: la política, la económica y la militar, siendo ésta última la que había que vencer para hacerse de la política y con ella, transformar las relaciones económicas.

La revolución cubana había triunfado y venia resistiendo un asedio del imperialismo con su bloqueo y sus distintas aventuras de invasión y sabotaje, pero en Cuba se libraba la lucha antimperialista, y se caminaba en la construcción del socialismo, todo eso, brindando además solidaridad internacional a los pueblos del tercer mundo.

La revolución nicaragüense, fue el ejemplo de que el Poder, ya no se sustentaba en las clásicas tres patas: el Poder iba tejiendo una telaraña que fortalecía su centro de acción fuera de fronteras para impactar militar, económica y políticamente dentro del país, generando un humor social, que llevó al retorno de los sectores que representaban los intereses de la oligarquía, en una contienda electoral donde triunfó Violeta Chamorro, derrotando al FSLN.

Este escenario lo entendió la dirigencia del FMLN en el Salvador, que comprendió las limitaciones de tomar el Poder en un país devastado.

El proceso de globalización, empezó a perfilar un nuevo mapa de Poder; el económico se convirtió en un poder de mayor impacto que el militar, de la mano de un desarrollo tecnológico que permitía el control a distancia de empresas multinacionales en sus filiales locales, en la industria, la producción agrícola y fuertemente en el sistema financiero.

La enorme mayoría de las burguesías nacionales se convirtieron en gerentes de las multinacionales, y desaparecieron las economías nacionales con capacidad de un desarrollo autónomo.

El cambio de estrategia impulsado desde la Casa Blanca de la Doctrina de la Seguridad Nacional cambio el rol de las fuerzas armadas locales, que dejaban de operar como ejércitos de ocupación en sus propios países, y la derrota militar de los grupos insurgentes, con su trágico y enorme saldo de asesinados, detenidos desaparecidos, torturados y exiliados, fue un escarmiento que no animaba a nuevos ensayos, para la resolución de los antagonismos de la vigente lucha de clases.

En el gran festín de la democracia burguesa, todos tenían su silla en la mesa, aunque el menú, lo siguiera definiendo el imperialismo; dirigentes de la izquierda que adoptaban modales progresistas, marxistas transformados en socialdemócratas, y a la hora de los postres, la canalización de las resistencias sociales, absorbidas por algún que otra ley que las bancadas de izquierda lograban sean aprobadas, o gobiernos que recogían su demanda, a cambio de No seguir movilizándose.

Los movimientos sociales, eran los únicos que no se sentaban a la mesa, pero no lograban una síntesis política, que se siguiera planteando, la transformación del sistema.

Solamente Cuba, Bolivia, y Venezuela, en el continente, seguían demostrando que los dioses, también sangran, y mueren.

 

La foto

 

El relato desde los sectores de poder y traducido por los progresismos acompañó este proceso. Una foto instantánea que cortaba la trazabilidad histórica, y en la magia de la síntesis de las nuevas tecnologías de la comunicación, todo parecía nacer por generación espontánea.

Para muchísima gente, Pepe Mujica era un dirigente de confianza y de buenas ideas, que estuvo doce años como rehén de la dictadura; el relato de la épica de su pasado guerrillero (que fue lo que lo llevo a ser rehén), se fue tornando casi, en un relato superficial, en un pecadillo de juventud, unos botijas atolondrados que pensaban que la revolución estaba a la vuelta de la esquina.

También el relato de que la insurgencia tupamara, tuvo que ver con la defensa de la Democracia; es cierto que las amenazas de golpe de estado siempre estuvieron en el horizonte uruguayo al menos desde 1958.

Pero es mucho más cierto, escrito negro sobre blanco en documentos, que la Democracia a la que se referían desde el CHE hasta los revolucionarios uruguayos, no era la democracia de los años 60, una democracia que oficiaba, igual que ahora, como la Dictadura del Capital.

Los peludos de la caña de azúcar, exigían mejores condiciones laborales y de sus salarios, al tiempo que entendían que solo una reforma agraria, un cambio  profundo de las estructuras, era el horizonte por el cual emanciparse.

Las huelgas que llevaron a la desaparición, a la muerte, al exilio y a la cárcel a cientos de militantes comunistas que lideraban el movimiento sindical uruguayo, perseguían la acumulación política de un horizonte insurreccional.

Ciertamente, todo esto en el marco de un escenario internacional que bullía en la lucha por transformaciones profundas, y donde los debates se centraban en si el camino era el Foco o la insurrección producto de una huelga general, si la vía era la armada o la electoral.

Por eso entonces la mirada sobre las actuales condiciones y la peripecia de los dirigentes, debe ser la conclusión de la película, y no desde el afiche sin historia, pegado en el muro, que a modo de marquesina de espectáculo de atracciones,  el candidato nos mira sonriente, y como en el tango, con la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser.

 

Un Poder, se balanceaba…

 

¿El Poder Burgués se mantiene centralizado, o se ha diversificado en una suerte de estructura federada, que permite su sobrevivencia ante la pérdida de algunos espacios?

En principio parece claro que el Poder oligárquico se mantiene atrincherado en la economía, y sus representaciones empresariales financieras, concentran mayor capacidad de decisión que partidos políticos y mandos militares, y aún por encima de ellos.

Desde ese lugar, de apariencia apolítica y civil, sobra margen para ejercer el poder, permitiendo que organizaciones políticas contrarias a sus intereses en lo programático, jueguen a ser gobierno, cuando no, administrar mejor el capitalismo.

Dueños de las principales rutas del comercio, de las decisiones del Mercado, de los sistemas financieros, de los grandes medios y tecnologías de la comunicación, de la gestión del conocimiento en el campo científico, militar y de la salud, son los titiriteros que manejan los hilos de las democracias más o menos formales.

Adaptan su relato a los gobiernos progresistas que logran, involuntariamente, una desacumulación en el campo de las ideas transformadoras: las medidas de distribución del ingreso y la riqueza, castradas de un discurso que exponga la estructura del sistema capitalista, es una suerte de davida que no convoca a la movilización y a la organización, y la mayoría de las veces, el único impacto palpable de esa distribución, es un acceso al consumismo de los sectores populares.

Promueven la inestabilidad laboral y van sembrando, otorgando, distribuyendo, espacios de poder autónomo, que son los ladrillos de la obra imperial.

El 1% más rico de todo el planeta, y los unos por ciento más rico en cada país, se encuentran en el centro de un laberinto, al que resulta difícil acceder, y para llegar hay que ir como caminando sobre campos minados.

Entonces quizás, una estrategia de acumulación pase por ir disputando los espacios de poder descentralizados, en una lucha que despojada del metafísico Determinismo Histórico, sabrá de derrotas y victorias.

 

Uno, dos, tres Vietnam…

 

El Che había concluido que la derrota del imperialismo no dependería de una gran confrontación generalizada para la que no había condiciones, aun con la existencia del Socialismo del Este y China, sino que había que combatirlo palmo a palmo, derrotando los gobiernos colonizados del tercer mundo.

Posiblemente sobrevaloró, a la luz de la revolución cubana, las posibilidades reales, pero, heredó con su ejemplo, una estatura ética de la lucha, tan devaluada por éstos días.

Raúl Sendic había empezado a jerarquizar el desarrollo de experiencias autónomas, que fueran construyendo una suerte de Poder Popular, no necesariamente en el esquema del desarrollo de zonas liberadas territorialmente, como Marquetalia en Colombia,  pero sí de la economía global.

Probablemente el Estado Comunal al que avanzaba el Chavismo, forma parte de ese horizonte, al que otros pueblos iban ensayando, las empresas gestionadas por los trabajadores, las asociaciones productivas como el Movimiento de  los Sin Tierra en Brasil, las comunidades zapatistas y otras formas organizativas que desarrollan nuevos espacios de participación política, económica, social y territorial, prescindiendo de la lógica burguesa.

El camino a desandar sigue allí, con mas baches y en peores condiciones de transitabilidad; en su recorrido habrá avances y retrocesos, paradas obligatorias y algún que otro despiste, pero hacerlo es a ésta altura, un lucha por la sobrevivencia de la especie humana.

Nunca tan vigente como antes: Socialismo o Barbarie.